Mindfulness es una capacidad
humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los
contenidos de la mente momento a momento.
Mindfulness no es un descubrimiento moderno, aunque vivamos actualmente en el marco de la cultura occidental, un cierto reencuentro.
Mindfulness existe desde esos momentos primigenios en que los primeros cerebros
humanos y el hombre mismo comenzaron a transformar este planeta, aunque probablemente nunca llegaremos a ese momento en que los representantes de nuestra especie practicaron alguna forma de mindfulness de manera sistemática.
Sí que sabemos que hace unos 2.500 años, se alcanzó una cima en esta práctica, concretamente en la figura de Siddharta Gautama (el Buda Shakyamuni), que fue el iniciador de una tradición religiosa y filosófica ampliamente extendida por todo el mundo (el budismo) y cuya piedra angular es, precisamente, la práctica de mindfulness.Estamos seguros, sin embargo, de que mindfulness no empezó con el Buda Shakiamuni. El perfeccionó extraordinariamente un procedimiento que había
recibido de otros maestros y que probablemente existiera desde mucho tiempo
antes. Por ejemplo, el origen de la tradición tibetana del Bön, se sitúa unos 17.000
años antes de Cristo (Reynolds, 2005) y, aunque no existen pruebas que sustenten
esta afirmación, no podemos descartar que alguna forma de mindfulness no fuera
practicada ya por seres humanos muy primitivos.
En realidad, mindfulness es, en sí misma, algo muy simple y familiar, algo que
todos nosotros hemos experimentado en numerosas ocasiones de nuestra vida
cotidiana. Cuando somos conscientes de lo que estamos haciendo,
sintiendo, estamos practicando mindfulness. Lo que sucede es que habitualmente
nuestra mente se encuentra vagando sin orientación alguna, saltando de unas
imágenes a otras, de unos a otros pensamientos. Mindfulness es una capacidad
humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los
contenidos de la mente momento a momento. Es la práctica de la auto-conciencia.
El primer efecto de la práctica de mindfulness es el desarrollo de la capacidad de
concentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la
serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión
de la realidad (tanto externa como interna) y nos aproxima a percibir la realidad tal
como es. La práctica prolongada de mindfulness, en un ambiente favorable, abre
también la puerta a la aparición de estados modificados de conciencia, pero de estos
estados no me voy a ocupar en este trabajo.
Desde un punto de vista científico, podemos definir mindfulness como un
estado en el que el practicante es capaz de mantener la atención centrada en un
objeto por un periodo de tiempo teóricamente ilimitado. (Lutz, Dunne y Davidson,
2007). O, siguiendo a Thich Naht Hanh, mindfulness es mantener viva la conciencia
en la realidad del presente. La existencia de muy diversas formas de meditación
hace extraordinariamente difícil sistematizar o clasificar todos las posibles maneras
de practicar mindfulness y, en cualquier caso, se saldría del reducido marco de este
artículo. Sin embargo, podemos decir que hay un cierto consenso en la distinción
de dos componentes en mindfulness (Bishop y cols. 2004). Por una parte existe el
componente básico, la característica fundamental de mindfulness, que consiste en
mantener la atención centrada en la experiencia inmediata del presente. Es, por
decirlo, así, la instrucción eje que hay que seguir; ser conscientes de lo que sucede
en el presente inmediato (aunque sea posible escoger diversos objetos para centrar
la atención, aspecto en el que no voy a entrar ahora). Y el segundo componente de
la definición de Bishop es la actitud con la que se aborda el ejercicio del primer
componente, es decir, cómo se viven esas experiencias del momento presente.
En relación con la actitud que se adopta de cara a la experiencia, Bishop y cols.
(2004) resaltan la curiosidad, la apertura y la aceptación. Kabat-Zinn (2003) hace
las siguientes recomendaciones para la práctica de la atención plena: no juzgar,
aceptación, mente de principiante, no esforzarse, paciencia, soltar o practicar el
desapego, confianza y constancia. Siegel (2007) reduce las características de la
actitud correcta a cuatro: curiosidad, apertura, aceptación y amor.
El primer efecto de la práctica de mindfulness es el desarrollo de la capacidad de
ResponderEliminarconcentración de la mente. El aumento de la concentración trae consigo la
serenidad. Y el cultivo de la serenidad nos conduce a un aumento de la comprensión
de la realidad (tanto externa como interna) y nos aproxima a percibir la realidad tal
como es. La práctica prolongada de mindfulness, en un ambiente favorable, abre
también la puerta a la aparición de estados modificados de conciencia, pero de estos
estados no me voy a ocupar en este trabajo.